Vivir el campeonato de futbol

En mi tarea de ‘supporter reporter’ se me asignó el seguimiento de los seguidores en Bélgica y Holanda durante un mes para compartir su experiencia en el EURO 2000™ y captar el ambiente de los Países Bajos.

He visitado muchos lugares que de otra forma no hubiera tenido la oportunidad de conocer; también he tenido la suerte de conocer a cientos de personas de todos los rincones de Europa y he podido saborear el ambiente de carnaval de lo que ha resultado un formidable festival de fútbol.

Nuestra primera parada fue Brujas, para el partido de Francia contra Dinamarca, y fue una estupenda prueba de fuego. Los escandinavos no hicieron nada que pudiera dañar su reputación de juerguistas.

Un día antes de los partidos, los suecos, los noruegos y los daneses aparecieron puntuales en la plaza de la ciudad con sus atuendos de vikingos, bebiendo jarras de cerveza y cantando canciones de fútbol hasta altas horas de la noche.

La cerveza belga recibió una acogida especialmente buena entre los daneses, que hicieron su aparición con estilo y excelente ánimo en la estación de tren a bordo del Dynamite Express (el “tren de la fiesta”) que llegó directamente desde Copenhague.

A juzgar por su aspecto al desembarcar en el andén con las latas de cerveza en la mano y los cuernos vikingos en la cabeza, estaba claro que no se habían pasado las 13 horas del viaje solamente jugando a las cartas.

En cualquier caso, se mostraban contentos de poder hablar con cualquiera. Ladraban más que mordían (no se dieron altercados en ningún momento de sus celebraciones). Se limitaron a beber, cantar y… pintar la ciudad de rojo.

Los franceses, por el contrario, se mostraron mucho más tranquilos. La cultura de la bebida de los aficionados nórdicos no es compartida por los galos.

Reacios a lucir los colores de su equipo hasta el momento del partido, se mezclaban en el fondo, tomando posiciones de incógnito.

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